Dejando que los libros me asalten

Ayer, al salir del trabajo, me pasé por Tipos Infames. Creo que no entraba desde el día de la presentación de ‘La muerte no huele a nada’ el pasado mes de mayo. Y tenía ganas de hacerlo, de pasarme un buen rato curioseando entre las estanterías y comprar algún libro dejándome llevar por mi instinto. A veces hay que dejar que los libros le asalten a uno. Y así lo hice.

A decir verdad, ya llevaba en mente un libro que quería comprar, que según había visto en el Facebook de la librería, acababan de recibir. ‘Zazie en el metro’ de Raymond Queneau. Tengo ganas de perderme en París, ciudad que aún no conozco, aunque sea a través de las páginas de esta novela. De entrada, arranca hablando de lo poco que se lavan algunos franceses, mito del país galo por excelencia. ¿Pondrá algo de su afición por tirar camiones enteros de fresas? Ahora, para quedar políticamente correcto, debería decir aquello de que yo tengo muchos amigos franceses y que son estupendos. Pero lo cierto es que solo tengo uno y, sí, es estupendo, pero de verdad. ¡Gracias Romain, por no tirar mis fresas cuando vienes a casa! 😉

Volviendo al tema y reafirmando mi simpatía hacia los franceses, anoche mismo me metí en la cama con Zazie y empecé a leer. Ya os contaré qué tal, aunque de momento me está gustando bastante.

Además de la novela de Queneau, compré ‘Amor se escribe sin hache’ (Blackie Books) de Enrique Jardiel Poncela. Este sí que fue claro caso de asalto librero hacia lector desvalido. Que en el título vaya la palabra ‘amor’ ya es un punto que me gana, pero es que además la cubierta es de un verde turquesa precioso con esa ilustración tan fantástica. Y bueno Jardiel Poncela… No hay mucho más que añadir.

Cuando he abierto la novela, el primer texto que he leído ha sido este:

Ruego al lector

Lector, lectora: algunos autores te ruegan que no prestes sus libros a nadie, porque, prestándolos, pones a tus amigos en condiciones de que no necesiten comprarlos, con lo cual el escritor sale perjudicado en sus intereses.

Yo, que tengo los mismos intereses que los demás autores, te ruego todo lo contrario, esto es: que prestes en cuanto leas el presente libro.

Como la persona a quien se lo dejes no te lo devolverá, tú te apresurarás a comprar otro ejemplar inmediatamente.

También ese segundo ejemplar debes prestarlo y adquirir un tercer y prestarlo; adquirir otro más y prestarlo también…

Con tal sistema, a pocos amigos que tengas a quienes acostumbres a prestar libros, yo haré un buen negocio y te quedaré agradecidísimo.

Es tan grande que, por supuesto, se lo pienso copiar e integrarlo en mi filosofía de vida. También os contaré de este. Pero me temo que difícil será criticar algo de ambas novelas.

Y hablando de novelas, toca recordar que la mía está nominada a los Premios Shangay. Así que venga, a votar.

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8 comentarios en “Dejando que los libros me asalten

  1. Yo también soy muy de que los libros me asalten. Me llama la atención el título, o la portada, o la combinación de ambas cosas, y entonces leo la primera frase para confirmar si esa atracción estaba justificada. Cuando ocurre el chispazo, compro el libro. Ahora trabajo en una librería, puedo pedir los libros que quiero, y aún así de vez en cuando voy a buenas librerías para dejarme asaltar por los libros.

    Tipos Infames la conocí hace unas semanas cuando estuve en Madrid y me habría llevado media tienda, por cierto.

    1. Creo que trabajar en una librería sería mi ruina. Ayer estuve a punto de encadenarme a una de las estanterías de Tipos Infames y ponerme a patalear para que me dejaran vivir allí.

      Por cierto, ¿en qué librería trabajas?

  2. qué grande eres, te leo y me dan ganas de leer, y volver a escribir, y de leer más, y de volver a escribir, y de seguir leyéndote…

  3. Muchas gracias por reconocer mis esfuerzos para reprimir mis instintos 😀
    Que sepas que sólo lo hago con gente que me importa.
    No dejes de querer perderte por París, vale la pena. A ver si el libro de Queneau te da ganas de hacerlo en persona. Me apunto al viaje 😉
    Un abrazo.

    1. Ay querido Romain, como sé que lo lleváis en la sangre, decidí no volver a comprar fresas para no te supusiera una tentación… 😛

      Pues sí, París debería ser mi próximo destino, que lo llevo aplazando mucho tiempo. Así que nada, ¡a organizar!

      Otro abrazo de vuelta.

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